16.12.25

Una Dracaena fragans durante décadas

El tronco de Brasil, palo de agua o Dracaena fragans es una planta, arbusto más bien, que en espacios naturales alcanza los seis metros de altura. Cuando está en maceta no llega a crecer tanto, pues antes se realizan podas del tallo o del tronco. Es una planta tropical resistente (temperatura ideal entre 20 y 26º C), a la que no le gusta la luz directa del sol, aunque sí que agradece la abundancia de luz. Conviene colocarla cerca de una ventana donde el sol no incida directamente, o bien prever una cortina fina. Hay que regarla poco, sobre todo en invierno, pero al mismo tiempo trataremos de mantener el ambiente húmedo pulverizando las hojas cada dos días. Regar sólo cuando el sustrato está completamente seco.

Sé que es una planta de crecimiento lento, que me acompañará durante décadas si las condiciones son óptimas y que su reproducción es fácil: mediante esqueje de tallo o de tronco. En este último caso, enterrar por lo menos cuatro nudos.

A mí no me está dando problemas, y eso que la he puesto en un sitio donde la luz no es generosa. Las puntas de las hojas se han vuelto marrones, indicio de que a la planta le falta humedad, por lo que he comenzado a pulverizarla cada dos días.

Símbolo de prosperidad y buena suerte, espero que a mí no me falte en este fin de año ni en los venideros.

12.12.25

Segundas oportunidades: la hedera helix

Mi relación con la hedera helix (hiedra común) es bastante reciente. Es una planta que abunda en la ciudad donde vivo, Charleville Mézières, en las Ardenas francesas. Se la ve trepar muchos árboles: castaños de indias, plátanos, abedules, cerezos… Y es acusada a menudo de matar al árbol huésped, aunque parece que esto no sea cierto.

Para mi casa compré un pequeño ejemplar variegado, con hojas lobuladas de tres colores. Pero por exceso de riego la planta se vino abajo, después de haber perdido cada una de sus hojas.

Esta es mi segunda intentona. No cometeré los errores del principiante. Ahora sé que requiere bastante luz, pero nunca de forma directa, que le encantan los ambientes húmedos y que en invierno basta con regar una vez por semana. Poca agua y verificamos que el sustrato no está previamente mojado.

5.12.25

Veltheimia capensis: lo exótico en casa

Los riesgos de comprar sin saber, tan sólo por el mero aspecto llamativo de la planta, pueden acarrear sorpresas desagradables.

La veltheimia capensis es un buen ejemplo de lo dicho.

Los comerciantes tampoco son ajenos al embrollo. Sea por sus atractivas hojas alargadas, con bordes ondulados que imitan el vaivén de las olas; sea por sus flores tubulares en forma de racimo, que aparecen en pleno invierno, el cliente cae fácilmente en la trampa, cuando los precios sirven de acicate.

Ya ha salvado unas cuantas plantas, y por eso se cree que atesora gran cúmulo de conocimientos.

Sin embargo, es preciso saber qué es lo que compra uno y por qué lo compra, más aún tratándose del reino vegetal.

En efecto, la veltheimia capensis no es para todo el mundo. Es una planta exótica cuyo ritmo biológico difiere del que acontece en Europa.

Uno busca información (¿por qué no haberlo hecho antes?) y descubre que es exigente con el suelo: fértil, con una parte de arena y otra de humus; que requiere abono líquido en período de floración (otoño-invierno); que durante las estaciones de la primavera y el verano permanece en estado latente y casi no necesita riego, sobre todo para no estropear el bulbo.

Pero lo peor viene a continuación: se muestra exigente con la temperatura. En otoño, período de crecimiento, conviene que sea entre 15 y 18º; mientras que durante el invierno, la temperatura deberá bajar hasta los 8 o 10º. Esto significa que no podría ser una planta de interior, a no ser que decidas helarte en tu propia casa justamente cuando más frío hace fuera.

Yo la compré y ahora reconozco que me he equivocado, pues, aparte de no poseer huerto, ni siquiera balcón, vivo en un lugar donde el sol escasea la mitad del año. Esto quiere decir que mi planta, a la que le gusta la luz directa, recibirá escasa o ninguna, con lo cual las condiciones ambientales serán desfavorables para ella.

Una lástima, no por mi dinero, sino por tan bonito ejemplar de espécimen originario de África del Sur.

4.12.25

Gollum ha vuelto a renacer

Compré esta Crassula ovata, variedad «Gollum» porque presenta hojas tubulares que semejan dedos, a mitad de precio, tal era su deterioro por falta de riego. Para mí, se trataba de una buena ocasión. Esta suculenta, conocida con el nombre de «árbol de jade», es fácil de recuperar, sobre todo si uno llega a tiempo. En el peor de los casos, se puede realizar un esqueje con una hoja sana, o con un tallo todavía erguido, y él solo salvará a la planta.

Así ha ocurrido, al principio estaba derrumbada, desmayada, como si las fuerzas le hubiesen abandonado. Las hojas, arrugadas y encogidas.

Al llegar a casa la puse bajo el grifo con una fuente debajo, luego dejé que chorreara bien para suprimir el exceso de agua, y ahí la tienen: dos días después se ha recuperado. Además, he conseguido gratis tres esquejes, por lo que puedo regalarla a otras tantas personas, al mismo tiempo que les explico el simbolismo del árbol de Jade: en China representa la prosperidad, la abundancia y la buena suerte.

No necesita excesivos cuidados, sino un acceso a la luz indirecta, buen drenaje, riego solo cuando el sustrato esté casi seco. Especialmente, hay que evitar el encharcamiento. En verano, cada dos semanas bastan; en invierno, cada tres o cuatro semanas.

3.12.25

Sobre el modo de regar las plantas

La planta que aparece en la foto la compré en Carrefour hará cerca de un mes. La llaman Calluna vulgaris, o, para que nos entendamos, brezo, biércol o brezina. Me sedujo el colorido morado y el precio. «Ya le encontraré un hueco en la cocina», pensé.

Me llamó la atención lo ligera que era, como si la maceta estuviese desprovista de tierra. Y la planta en sí, un peso pluma.

El primer día la regué y luego casi me olvido de ella, no parecía que pidiese mucha agua. Permanecía inmutable en su rincón (no muy soleado, todo hay que decirlo).

¿Cuál no fue mi sorpresa cuando, pasadas varias semanas, descubrí que se había secado? Al palpar la tierra, comprobé que estaba dura como cemento. Y sin embargo, no había perdido el color, las florecillas moradas seguían colgantes. Sí, amigos, también en el mundo de las plantas las apariencias engañan.

De esta experiencia deduzco que antes de regar conviene palpar la tierra para asegurarse del estado del suelo, si está sediento o no.

También comprendí que el modo de regar es importante: con regadera, con vaporizador y por inmersión. Este último truco supone un verdadero auxilio: se introduce la maceta en un recipiente y luego vaciamos todo un litro, o más, sobre la planta, de modo que la tierra quede calada hasta los topes. Después sacamos la maceta y dejamos que chorree hasta que haya vaciado el excedente de agua. Esta técnica sirve para salvar más de una planta a punto de convertirse en mero pasto para las cabras. El peligro principal viene cuando dejamos agua encharcada en el platillo, entonces se pudren hasta las más sanas y nuestro trabajo se echa a perder.

Hay plantas, como la esparraguera, que exigen el riegue en forma de lluvia (con vaporizador). Del mismo modo, los helechos adoran la humedad en el ambiente y esta técnica permite mantener ciertos niveles óptimos.