19.2.26

La importancia de masticar antes de tragar

El proceso de la digestión consta de varias partes: digestión propiamente dicha, asimilación de ingredientes, evacuación de desechos. Para cada una de ellas intervienen varios órganos. La digestión, contrariamente a lo que mucha gente cree, comienza por la boca: masticar, salivar antes de pasar la bola alimentaria por el esófago, es fundamental.

Lo que distingue los alimentos crudos de los cocinados es que los primeros exigen una masticación y salivación a conciencia, en ocasiones ardua, mientras que los segundos entran en la boca predigeridos y apenas precisan de masticación. Esto explica, en parte, por qué la gente come tan rápido. En vez de masticar y saborear los alimentos, tragan.

Las consecuencias de este fenómeno son múltiples. Las muelas, por falta de uso al no dedicarse a triturar, se deterioran y acaban cayéndose (previa visita al dentista, quien pondrá una corona en su lugar). Los alimentos predigeridos por la cocción llegan al estómago sin haber sido salivados ni triturados. Tan bien que mal, el estómago debe adaptarse a esto, así como las tripas. Peor aún, por efecto del calor las encimas han desaparecido y el cuerpo tiene que fabricarlas con urgencia, pues sin ellas no es posible digerir cualquier sustancia ingerida. Además, al faltar la identificación, el sistema inmunológico toma por enemigo lo que en principio sólo era comida, y le declara la guerra; de ahí la hinchazón del vientre una vez acabado de comer. La digestión se vuelve complicada, pesarosa, delicada y turbia. Dura, con un poco de suerte, entre tres y cuatro horas. Cuando, de haber ingerido alimentos crudos, en apenas una hora el proceso de digestión-asimilación habría concluido felizmente, sin tropiezos ni contratiempos.

Este tipo de alimentos habitúan, obligan más bien, a la boca a masticar. La predigestión tiene lugar antes de alcanzar el estómago. El proceso se embala a un ritmo natural, propio del organismo.

Cuando sólo comemos alimentos cocinados, la dentadura se vuelve perezosa, se acumula el trabajo para el estómago y los intestinos, se producen atascos, riesgos de putrefacción, proliferan las bacterias que se alimentan de estos restos de comida mal asimilada. Los gases que sueltan son muy tóxicos, una de las causas principales de una multitud de enfermedades.

Lo mejor es volver a la sana costumbre de morder la manzana, tal cual, rallar las zanahorias o hincarle el diente a una buena rodaja de sandía. Todo ello, de acuerdo con los ciclos anuales de sazón en los productos de origen vegetal.

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