27.2.26

La manía de las salsas

La gran mayoría de los platos elaborados, por no decir todos, llevan salsa. Sin ella, se dice, se piensa que el plato no tiene sabor, está tan soso como una lechuga sin condimentos. Esta necesidad de la salsa conlleva la responsabilidad de elaborarla, o bien de comprarla. Me he fijado en que muchas personas, por comodidad, por pereza, optan por la segunda opción. En los supermercados hay salsas para todos los gustos y bajo todos los formatos: en cartón, en botella, en bolsitas de plástico. Todos estos productos coinciden en cuatro aspectos: 1) Abusan de sal; 2) Abusan de azúcar; 3) Abusan de aceites; 4) Abusan de aditivos peligrosos, como el glutamato monosódico, cancerígeno, cuyo nombre aparece disimulado bajo las etiquetas: «almidón modificado de maíz», «aroma natural», «almidón de patata», etc.

Un simple vistazo a las etiquetas basta para convencerse de que no vale la pena, por motivos de salud, comprar este tipo de productos. Las salsas elaboradas son en exceso azucaradas, saladas, grasientas y contienen conservantes, colorantes y demás materias tóxicas.

Entonces, si es así, ¿por qué la gente se obstina en comprar salsas? Lo dije antes, la pereza es determinante. Cocinar una buena salsa de tomate, con sus especias como el orégano o el tomillo, el ajo y la cebolla, es más arriesgado que adquirir un bote de tomate frito en la tienda. «Listo para servir...». Diez minutos para hervir los espaguetis en la cacerola, y luego sólo hay que echarla, ya caliente, por encima, con su porción obligada de queso rallado.

¿Y la salud? Qué importa, mientras que no se note el primer día. Si uno tarda años en ponerse enfermo, ¡luego Dios dirá!

Mi consejo es el siguiente: se puede comer un plato sin salsa, y está riquísimo, al natural conserva todos sus sabores especiales. Así ocurre, por ejemplo, con las verduras cocinadas al vapor: puerros, berenjenas, judías verdes, col lombarda cortada en finas láminas, coliflor, coles de Bruselas, calabacines... Y si es menester contar con alguna, más vale elaborarla por sí mismo en la sartén. Cinco minutos serán suficientes para obtener una riquísima salsa casera de tomate, con pimentón dulce, un poco de sal y media cucharada de curry.

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