Virginia realiza un mohín de desaprobación, breve, explícito.
—No le falta razón en lo que dice —alega—; pero yo no estoy aquí por motivos de sobrepeso, de bulimia o de anorexia, sino por mi adicción a las pastillas. Como le conté la vez pasada, no acabo de salir de una depresión bastante gorda cuando me meto en otra aún peor. Yo lo que quiero es sanar de la mente, aunque, por supuesto, no voy a descuidar lo demás. Sé que lo físico y lo psíquico guardan una relación estrecha.
—No está mal encaminada —sugiero—; sin embargo, creo que aún no ha entendido lo fundamental: para curar la mente hay que curar también el cuerpo, y viceversa. La salud es un todo en el que las partes se relacionan entre sí. Tanto los aspectos físicos como los emocionales interactúan de tal manera que cabe la duda de si un trastorno patológico posee origen físico o psicológico. Lo cierto es que ambos factores juegan un papel determinante.
—Sé que las pastillas me hacen daño; en lugar de sanarme, agravan mi situación, pues crean una dependencia que antes no padecía. Pero, doctor, ¿piensa que si me pongo a comer lechugas, manzanas y zanahorias a todas horas conseguiré liberarme de este peso que me agobia en forma de medicamentos, jarabes y comprimidos? ¡Muchos médicos me advierten que de interrumpir el suministro diario sufriré efectos perniciosos!
—Claro… Los efectos del principio de la sanación. Voy a ser franco desde el primer minuto. Trataré de explicarle por qué hay, en efecto, una relación entre esa hoja de lechuga de más que usted ingiere y ese comprimido de menos que deja intacto en su maletín de primeros auxilios.
—Explíquese, por favor.
—Habrá oído hablar de los efectos colaterales de todo medicamento, incluida una simple aspirina. Entre éstos no es de menor importancia el provocar una acidificación del organismo. Nuestro ph tiene que ser alcalino, en torno al 7,4. La más ligera variación en la alcalinidad de la sangre obliga al metabolismo a buscar minerales con poderoso efecto alcalinizante: el calcio, el fósforo y el potasio. Esto acontece en detrimento de los huesos y los dientes. Cuanta más acidez, más desgaste de calcio y otros minerales se produce en los huesos y cartílagos. Si esta situación se prolonga durante años, degenera en artrosis, mal de espalda, descalcificación generalizada de los huesos, estragos en los dientes y caída del cabello. ¿Entiende ahora por qué le digo que todo está relacionado? La hoja de lechuga, como todo producto vegetal no cocinado, posee un alto poder alcalinizante. Esto supone un alivio para el organismo, y tal vez nos permita ahorrar cantidades notables de calcio y de otros minerales depositados, a modo de reserva, en los huesos.

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