10.3.26

DP [05]

[05]—Reconozco que no tomo muchas ensaladas por culpa del vinagre. Su olor me resulta extremadamente desagradable, y esto me obliga a renunciar a ellas.

—El limón es un excelente sustituto del vinagre. Con él se pueden aderezar las ensaladas. Si le gustan picantes, añada un poco de mostaza.

—Seguiré su consejo; todo sea por incluir un poco de verde en mis platos. Mi punto débil son los hidratos de carbono: las patatas, el arroz, las pastas son mis acompañantes predilectos.

—¿Acompañantes de qué? ¿De la carne, del pescado, de los huevos…?

—Opto por la carne de pollo. También me chiflan las tortillas, las lasañas de carne triturada con salsa de tomate, los espaguetis a la boloñesa… En fin, cada una de esas delicias que aparecen en los menús de los restaurantes.

—Lo cual explica, en gran medida, su estado deplorable de salud. Me consuela pensar —añado con gesto explícito— que al menos vigila las cantidades: acostumbra a comer moderadamente.

—¿Usted cree?

—A juzgar por su peso, no parece que se atiborre a comer.

—Como bastante.

—¿De veras?

—Adoro los bocadillos de sardinas en aceite. Las ensaladas de atún, arroz y maíz también me apasionan.

—En tal caso, y según deduzco de sus palabras, se impone un cambio radical, urgente, en su modo de alimentación. Ese será uno de los dos flancos de ataque. El otro lo constituirá la raíz del mal: ¿Por qué ha terminado cediendo a la tentación de las pastillas? ¿Qué circunstancias la incitaron a volverse drogodependiente?

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