14.3.26

DP [07]

Virginia me refiere a continuación episodios de su infancia y adolescencia. Es cierto que ha habido en su vida alguien, o incluso más de una persona, que se ha empecinado en romper su equilibrio emocional, a fuerza de hacerle creer que «no valía para nada». La dejo hablar sin apenas interrupciones. Más tarde, no tiene tampoco suerte en su matrimonio y el marido releva al pariente que la había estado destrozando anímicamente. Hasta que un funesto día se queda viuda, le acometen sentimientos de culpabilidad, extraños remordimientos en absoluto justificados, y es arrastrada por los malos consejos de un médico de familia, quien, para combatir los frecuentes cuadros de depresión, no vacila en recetar pastillas, jarabes y drogas de elevada potencia. Virginia, víctima de tanto trajín químico, roza con las puntas de los dedos el abismo, siente en la cara el soplo sulfuroso y caldeado de los infiernos.

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