Declaro, por si no lo he anunciado antes, que la semana entrante sería la última en que tomarían asiento con sus compañeros habituales en la cantina. A continuación les tocaría comer ellas cuatro en mesa aparte, con un menú especial, adaptado a la dieta de eliminación y desintoxicación, llamada amucosa. La primera reducción consistiría en limitar el número de comidas diarias a tres: los desayunos se borraban de la carta y la merienda se limitaría a un simple zumo de naranja de medio litro, o a lo mejor de un litro entero. Las cenas serían más frugales que las comidas, basándose éstas en frutas exclusivamente; por las noches tomarían ensaladas; y durante las primeras semanas se tolerarían porciones pequeñas de arroz integral cocido o de una patata asada. Los vegetales al vapor combinarían con los crudos, pero la atención estaría puesta en no realizar malas combinaciones ni incluir demasiados ingredientes dentro de un solo plato. La simplicidad sería una de las reglas básicas, necesaria para garantizar una progresión óptima hacia la salud y el equilibrio corporales.
Como broche a esta segunda cita, detallo algunas conclusiones a las que yo mismo he llegado tras haber estado cavilando durante meses enteros:
La humanidad se ha autoexpulsado del paraíso desde hace milenios, por tradición y por voluntad propia. Este destierro (que tan bien ha escenificado la Biblia) encuentra su causa en el abandono de la alimentación fisiológica frugívora. En efecto, el trinomio cereales-carnes-lácteos produce locura, envenena y desnutre el organismo. Esto explica el surgir de las enfermedades y la sinrazón de la conducta humana, tan proclive a los actos de violencia y demás desbarajustes propios de las civilizaciones, tanto históricas como vigentes.
La segunda causa del desastre intergeneracional se halla en el hábito de correr detrás del tiempo. Esto nos impide valorar el presente, y por consiguiente lo malgastamos. El dinero, transformado en el gran objetivo individual y colectivo, actúa como espantapájaros de la libertad: la asusta y la fuerza a escapar de nuestras vidas.

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