—«Borrón y cuenta nueva», como suele decirse. La dificultad estriba en que a mí me chifla la lectura. No podría prescindir de los libros. Con las novelas de aventuras completo las horas ociosas, las cuales abundan tanto como el brezo en las lomas de los montes.
—El brezo es una planta aromática que se adapta bien a los climas áridos, paisajes abruptos y ambientes secos. Es una de mis favoritas. Las abejas, en los períodos de apuro, le deben parte de su existencia. La otra parte se la deben a la flor de la hiedra, a finales de septiembre y principios de octubre.
—Muy pronto estaremos en esa fecha.
—Y entonces haremos como las abejas: recolectar para contar con provisiones durante el invierno. Los higos de las higueras están en su punto. Es un árbol tan generoso que deberían bautizarlo con el nombre del «árbol del pan». Los nogales ya han equipado su fruto con un cascarón duro como la roca. Siguen encontrándose bayas en los bosques, cerca de las riberas. El diente de león apresura sus últimas hojas, antes de que acontezca la primera helada. ¡Me olvidé!, aquí en el Levante ignoran las heladas, la escarcha y el viento rizado del Norte. Es un viento que te pone las manos rojas y la nariz como un tomate. Por cierto, la tomatera sigue dando fruto hasta finales de septiembre, a cambio de que las condiciones de sol y temperatura sean ideales.
—Me parece muy bien. Pero vivir sólo de eso, de tomates y lechugas… No sé si mi estómago lo soportará… Y aun así, por muy estropeado que esté, ese tomate habrá que pagarlo en la tienda. La gente se queja de que han disparado los precios en los mercados al aire libre, más aún en los supermercados.
—¡Dios mío!, no haces otra cosa que hablar desde la perspectiva de la vieja escuela. Ya te he dicho que olvidaras las verdades y mentiras que te han estado contando. Dalas por inservibles. Por lo pronto, acompáñame, si quieres encontrar un refugio donde pasar la noche.
—Hum… En casa de mi amigo guardo algunas pertenencias, las últimas que aún conservo.
—¿Ropas? ¿Comida? ¿Utensilios de plástico?
—Unas tijeras, algo de ropa, un poco de dinero, dos o tres libros, un cuaderno para escribir…
—Vamos allá, entonces. Supongo que no caerá lejos.
—A unos veinticinco minutos a pie.
—El buen caminante —recitó— duerme en cualquier parte; con metro y medio de suelo se fabrica un lecho tan confortable que a la mañana siguiente no le duelen ni las espaldas ni los riñones.
Imposible no echarse a reír ante semejante salida. «Este hombre, pensé, puede que esté medio loco, pero resulta tan divertido como los chistes de Arévalo».

No hay comentarios:
Publicar un comentario