A partir de este momento, se animan y deciden plantearme las múltiples cuestiones y frecuentes reservas. La mayoría las han oído en los corrillos de la tradición. Son falsas nociones que se transmiten de padres a hijos y que los medios se encargan de mantener. Hasta los médicos y expertos de la nutrición divulgan ideas equivocadas, que tanto daño hacen a la sociedad. No puedo recoger aquí todas; pero expondré algunas de ellas, quizás las más influyentes.
Isabel comienza hablándonos de las proteínas, vitales para el metabolismo. Sin ellas, nos debilitamos y aparece el espectro de la anemia. Alego que ha sido demostrado que las proteínas de origen animal no pueden ser digeridas por el hombre, de modo que acaban convirtiéndose en escoria dentro del organismo, focos de infecciones. En cualquier caso, el cuerpo siempre debe romper la compleja estructura de la proteína para obtener los aminoácidos, con los cuales fabrica sus propias proteínas. Es mejor, para facilitar el trabajo, ingerir los aminoácidos (de origen vegetal), biodisponibles, para que con ellos fabrique las famosas proteínas.
Carmen ha oído hablar de casos de mujeres veganas que han perdido la regla por culpa de un régimen alimentario demasiado estricto. A esto replico que la regla, entendida como hemorragia que dura entre tres y cinco días, dolorosa para la mujer, es una anomalía. En realidad las reglas deben ser indoloras, durar apenas un día y derramar muy poca cantidad de sangre. En ningún caso se convierten en hemorragia, a no ser por culpa de un régimen alimentario erróneo. Esto lo corroboran numerosos testimonios de mujeres crudívoras, completamente restablecidas, las cuales sostienen que sus reglas ya no son dolorosas y pasan casi desapercibidas, puesto que no manchan. Ése es el verdadero sentido de la expresión Virgen María: una mujer «sin mancha», es decir, cuyas reglas no existían.
Margarita saca a colación la famosa frase: «Para mantenerse sano y fuerte hay que comer de todo». Así sería, replico, si el ser humano fuese considerado omnívoro, como por ejemplo el oso; pero no lo es, por su metabolismo y anatomía es frugívoro, lo mismo que el chimpancé y el resto de grandes primates, quienes se alimentan exclusivamente de frutas, bayas y hojas verdes.
Por último, Alicia alega que los niños, para crecer sanos y fuertes, «tienen que comer de todo», en especial hidratos de carbono para la obtención de energía. A esto le doy la razón, sólo que conviene evitar los hidratos de carbono complejos, o sea los almidones. El cuerpo se verá obligado a descomponerlos hasta obtener estructuras simples, como son la glucosa y la fructosa. Resulta más razonable comer carbohidratos simples a través de las frutas, que poseen el don de acompañar la fructosa con minerales, vitaminas, aminoácidos, agua y bastante fibra. Representan todo lo que necesita el organismo para salir adelante.

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