El propio Arnold Ehret, en su libro Sistema curativo por dieta amucosa, menciona casos de personas que han muerto nada más interrumpir un ayuno largo. Según él, fue debido al alimento escogido para interrumpirlo: uno de los pacientes, después de dos semanas de ayuno, se dio un atracón de dátiles. Atasco en los intestinos, hospital, demasiado tarde… A la otra persona, después de 27 días de severo ayuno, y con 62 años a sus espaldas, se le ocurre interrumpirlo con una buena porción de patatas. En el interior de las tripas se le formó un engrudo y no sobrevivió a esta dolencia, por más que fue tratado en el hospital. ¿Falló la dieta, o fue más bien por culpa de un ayuno descabelladamente largo? ¿Conviene a todos por igual practicarlo?
El protocolo de este doctor consiste en dos etapas: en la primera ofrece una dieta de transición, en la que se evitan los productos que producen mucosidad, pero no del todo; se toleran, además, las verduras al vapor. Durante la segunda etapa, la dieta amucosa, en la que predominan grandes cantidades de frutas de temporada, se practica acompañada de ayunos intermitentes, entre 14 y 20 horas diarias, y de ocasionales ayunos largos. Afirma que hasta tres días no resultan peligrosos, pero que a partir de ahí pueden resultarlo; no los juzga al alcance de todo el mundo.
En efecto, la dieta amucosa por sí sola es insuficiente; necesita ser complementada por un ayuno intermitente y por un estilo de vida en el que se practican deportes, se realizan ejercicios de respiración y se rehuyen los quebraderos de cabeza.
En función de los signos que muestra el paciente, su médico o guía irá modificando esta dieta hasta suprimir la de transición, de modo que acabe ingiriendo únicamente frutas crudas, vegetales sin almidón, semillas y zumos. La persona obtendrá al final del proceso una curación duradera, gracias a la depuración y limpieza del organismo, el desarrollo de sus potencias espirituales y la conexión con el entorno, cuyas vibraciones percibirá de forma nítida.

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