A propósito de las tentaciones y antojos, aviso que habrá que contar con ellos, especialmente durante las primeras semanas. No se da un alivio en este sentido hasta a partir del quinto o del sexto mes de cambio de dieta. La alimentación es considerada una forma de adicción poderosa, capaz de doblegar las voluntades más recias. Para salir airosos, conviene adoptar una estrategia basada en dos puntos: El primero, puesto que comer se asocia con una forma de placer, consiste en sustituir un placer por otro, sustituir los alimentos placenteros al paladar, pero dañinos, por los que no lo son, aunque conserven el sabor agradable. La especie humana siente especial predilección por las comidas dulces. Los bebés, instintivamente, las prefieren a todas las demás. Este requisito lo cumplen perfectamente las frutas, convertidas de este modo en aliadas fundamentales para la derrota y abstención de los «caprichos» malsanos. Es preferible darse un atracón de peras maduras que con un plato rebosante de pastas acompañadas de salsa con carne triturada. Les aconsejo que tengan esto muy en cuenta.
El segundo punto que ayuda a vencer los antojos consiste en apartar el pensamiento de las «zonas peligrosas». No debemos obsesionarnos con la comida, con el cuánto, el qué o el cómo. Cuando nos venga a la mente la imagen de una pizza recién sacada del horno, intentaremos con todas nuestras fuerzas pensar inmediatamente en otra cosa. Para este fin, sirven de ayuda el estar ocupados con actividades benéficas (paseos, lecturas, ejercicios físicos) y el evitar las zonas de riesgo; por ejemplo, en el supermercado no nos pasearemos por los pasillos donde colocan en estanterías y en cámaras frigoríficas pizzas, patatas fritas congeladas, galletas rellenas de chocolate, frascos de mermelada, pedazos de queso envueltos en plástico, etc. Lo mismo ocurre cuando visitamos el centro histórico de una ciudad. ¿Por qué detenerse delante de la pizarra de un restaurante, donde han puesto el menú, si sabemos que para nosotros sólo cabe la posibilidad de las ensaladas? «Más vale no tentar al diablo», concluyo.
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