—¿Y a qué se debe esta sinusitis? —insiste Alicia.
—La sinusitis representa uno de los primeros síntomas de desintoxicación: el cuerpo consigue sacar afuera el excedente de moco. Las vías de expulsión las conocemos todos, pero la gente ignora que también lo son los oídos y los ojos; de ahí los tapones con que a veces nos quedamos sordos y la visión nublada en los casos de embotellamiento del conducto lacrimal. Una dieta sana consigue resolver ambos problemas. La sinusitis desaparece por sí sola, de la misma manera que ha aparecido semanas o meses antes sin haber prevenido. En general es considerada como señal de buen augurio, pues anuncia que se ha obtenido un nivel óptimo de desatascamiento.
El testimonio de Isabel Alhama, a quien he cedido la palabra, resulta breve y convincente: Durante años ha estado tomando comidas frugales, por lo que no le ha resultado excesivamente complicado el cambio actual. Echa de menos, con todo, los plátanos. Por las mañanas, a eso de las once, solía tomar uno como almuerzo. Ella sabía que le sentaba muy bien y se lo agradecía a Dios; pero todo esto ocurría antes de que sobreviniera una crisis profunda, capaz de arruinar su equilibrio emocional y su paz interior (suspira, una lágrima asoma en el borde; ¿estará arrepentida de haber abandonado el convento?). Todos guardamos un respetuoso silencio.
—A propósito del plátano —prosigo—, es una fruta que contiene almidón si no está lo suficientemente madura. Pero cuando madura, el almidón se transforma en azúcares simples, por lo que conviene comerlo cuando la piel está negra o casi negra. Por lo general, la fruta verde hace daño al estómago porque actúan los antinutrientes. Toda fruta madura es una delicia, de lo contrario no lo es. Se dice que el ser humano, al igual que el resto de primates, puede distinguir los colores para saber discernir cuándo una fruta está madura y cuándo no. Por el contrario, los animales carnívoros son daltónicos; ellos no necesitan este tipo de información.
—He estado anotando lo que usted nos ha dicho —insiste Isabel, quien trae, en efecto, un cuaderno y un bolígrafo para escribir en él—; y me he dado cuenta de que hay muchos platos sabrosos que incluyen los tres ingredientes fatales. A saber: las lasañas, los raviolis, los espaguetis a la carbonara, las croquetas, las albóndigas, las empanadillas, las empanadas gallegas, los bocadillos de calamares a la romana, todos los purés acompañados de salchichas o de carne triturada, las hamburguesas, los gratinados al horno con patatas y pescado, la ensaladilla rusa y los rebozados de merluza con patatas fritas. Hasta un trozo de tortilla, acompañado de un filete de carne, incluye en el mismo plato esos tres ingredientes tan perjudiciales: las viandas, las harinas y la leche.
—Lo realmente pernicioso —apuntalo— es comer grasa con grasa, almidones con almidones, proteínas con proteínas, y todo ello mezclado y combinado de múltiples maneras. Pondré un ejemplo, de la lista que acabas de hacer, la ensaladilla rusa contiene dos veces almidón (en la patata y en el pan), dos veces proteína (en el huevo y en el atún), dos veces azúcar (en la zanahoria y en la mayonesa, si es de bote) y una cantidad espectacular de grasa: la mayonesa se elabora con un ochenta por ciento de aceite. Éste, por supuesto, será refinado y de mala calidad. Podríamos realizar análisis parecidos con el resto de platos que acabas de mencionar. Muchos lo dicen, ¡lo milagroso es que la gente no se haya desparramado aún por los suelos, de puro agotada! La mayor parte de su energía la invierten en completar digestiones difíciles, tan largas que a veces duran tres cuartas partes de una jornada.

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