—Es inevitable pensar —comienzo diciendo—, cuando uno se ha embarcado en estos proyectos gastronómicos en los que la meta final queda fijada de antemano, que en materia de nutrición nadamos desde el principio, desde que éramos chiquitos, en la mentira. Todo lo aprendido desde entonces no sirve sino de estorbo y engorro, nos impide avanzar por el camino auténtico de la sanación. Este descubrimiento obliga a poner en tela de juicio cualquier aseveración o frase lapidaria que proceda de las fuentes oficiales. Médicos, libros, programas de divulgación, se equivocan a menudo al tratar estos temas que tanto nos afectan. La cuestión del peso ideal también ha de ser revisada. Por lo pronto, se generaliza en función del sexo y de la edad: tal individuo de cuarenta años, si es hombre, debe pesar esto; pero si es mujer, deberá pesar más bien esto otro. No se tienen en cuenta ni la fisionomía particular, ni el estilo de vida, ni ciertas características de su morfología que a lo mejor impiden que la persona alcance el peso «ideal». En realidad este peso ideal dependerá de un conjunto de factores: un hombre que practica mucho deporte tiende a consolidar sus músculos y a fortalecer sus huesos; ganará, pues, en peso. Por el contrario, un hombre convertido en ratón de biblioteca, que gusta de pasar tardes enteras leyendo sobre una cómoda butaca, tenderá a perder masa ósea, sus huesos, con el transcurrir de los años, se volverán cada vez más frágiles. Por consiguiente, observemos caso por caso, aprendamos de la experiencia. Si alguien, con cinco kilos por debajo de lo considerado «normal», se encuentra estupendamente bien, dejémoslo estar. En tu caso, Carmen, y a juzgar por tu apariencia, el color del rostro y la gestualidad que te caracteriza, opino que dispones de un margen de por lo menos doce kilos antes de que se disparen las alarmas. Otra cosa es sentirse agotada. Considera que se han activado en tu cuerpo tanto el sistema linfático como el inmunológico, ahora que disponen de una oportunidad para deshacerse de tanto cúmulo de desechos. Es lógico, y hasta señal de que hemos escogido la senda acertada, el experimentar profunda apatía, ganas de detener la locomotora de una vida un tanto acelerada. Si cunde la fatiga, descansa, no temas reposarte un día entero, una semana entera: anula actividades, aplaza proyectos para ocasiones más favorables, renuncia a las prisas y quédate sentada en tu habitación, frente a una ventana, las veces que hagan falta.

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