21 de agosto, sobremesa.— Nuestros balances semanales se han efectuado cada jueves, como hoy, en la cantina. Presiento que éste puede ser el penúltimo. Así lo he comunicado a las tres supervivientes. A la vuelta del director, habría una «suspensión de actividades». La noticia la confirma, además, que los días treinta y treinta y uno de agosto, por este orden, abandonan el sanatorio las pacientes Isabel Alhama y Virginia Sevillano. Sólo Alicia Campos prolongaría un mes más su estancia aquí. Digo a las chicas lo mismo que había dicho a la ausente Carmen Blanco: en la distancia se puede proseguir la terapia, basta con consultas regulares por teléfono. Yo continuaría actuando de guía para corregir errores, orientar frente a imprevistos y programar una estrategia dentro del plan de cura total.
Por lo que me refieren, la situación se ha invertido con respecto al jueves pasado: ahora es Alicia la que explota de júbilo; su estado anímico trepa por los muros y las molestias físicas han desaparecido en el retrete. (Los cambios en su dieta le han procurado cierto nivel de «normalidad»). Por el contrario, tanto Virginia como Isabel padecen lo que ellas denominan «evacuación sistemática». Con frecuencia, van al baño cinco veces al día, en forma de diarrea o heces semisólidas. Una lata; esto las obliga a recluirse en sus habitaciones tardes enteras, pues no adivinan en qué momento puede surgir un «accidente».
El tema de las evacuaciones, recapitulo, es de capital importancia en las monodietas a base de frutas, con el complemento habitual de los ayunos intermitentes. Tiene que ser así: es preciso arrojar los desechos que se habían ido acumulando durante décadas.
El ser humano considera que ir al baño una vez al día está bien. En ocasiones, uno se salta esta regla durante varios días seguidos, y lo sigue considerando «normal». No cae en la cuenta de que padece un estreñimiento crónico, más pronunciado todavía si cabe en las personas que se alimentan a base de proteínas y de almidones. Los cereales, la carne y los lácteos son bloqueadores «profesionales» del tránsito intestinal. Sólo la fibra de los vegetales logra, a veces, corregir la situación. Pero, ¡qué pocas ensaladas consume el ciudadano medio! Incluso se ha puesto de moda un proverbio chistoso: «No sólo de lechuga vive el hombre».
El profesor Arnold Ehret, a quien tengo presente a menudo, pues yo mismo me considero «ehretista», afirmaba que ir al baño una vez al día es mala señal. En realidad, la persona debe acudir al baño tantas veces como coma en la jornada. Si efectúa tres comidas, pues deberá ir al baño tres veces antes de acostarse. Esta regla se cumple cuando ingerimos exclusivamente frutas y no encabalgamos las digestiones. Este mal hábito, el de encabalgar las digestiones, provoca auténticos destrozos en el metabolismo: favorece las mezclas peligrosas, y con ellas aparecen las fermentaciones y las putrefacciones, las cuales atraen los microbios dañinos y generan gases muy tóxicos, causantes de todo tipo de dolencias, siendo la primera y principal la del intestino permeable. Pero como se trata de una enfermedad silenciosa, sus efectos calamitosos no se vuelven visibles hasta que no haya transcurrido un plazo bastante largo.
De todo lo que acabo de decir, se deduce que no hay por qué asustarse si una, de repente, se ve atosigada por las diarreas y las necesidades intempestivas de desalojar: forman parte del proceso y por lo tanto hay que aceptarlas. Tanto Virginia como Isabel sonríen y deciden guardar silencio por toda respuesta.

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