5.6.26

DP [54]

10 de septiembre, en mi domicilio del Paseo Marítimo.— Ayer, martes, había recibido una carta oficial del colegio de médicos de las Islas Baleares. Sé dónde está su sede, en la calle Blanquerna, al lado de una plaza con una iglesia de fachada blanca y alargada. He sido convocado para una inspección de rutina en sus oficinas. Será el martes 14 de octubre, a las cuatro de la tarde. Intrigado por saber de dónde procede esta instrucción, le he preguntado al director de Santa Ágata si ha efectuado una maniobra en este sentido. Lo ha negado rotundamente: él no tiene nada que ver con los avisos que procedan del colegio de médicos. ¿Quién estará detrás de todo esto, entonces? ¿Quizás don Celedonio Corrales? Como hipótesis, es imposible descartarla. Asustado por mis métodos, ha dado el aviso a las autoridades que ejercen un control sobre los médicos, comprueban que actúen dentro de los límites fijados. Y este organismo me ha dado una cita (de control) una vez pasadas las vacaciones veraniegas. Octubre es un mes tan adecuado como cualquier otro para prohibir a quien sea el ejercicio de la medicina, por mucho que haya estado exhibiendo en su despacho, colgado de la pared, el título que lo acredita.

Hablo de todo esto, durante la cena, a mi mujer. Ella no está para bromas, ha iniciado los trámites para la compra del piso que hasta la fecha poseemos en régimen de alquiler, y resulta que el banco no se lo está poniendo fácil: piden papeles y más papeles, comprobaciones, firmas, avales… Todo eso es un rollo, aunque uno se lleve muy bien con el encargado de la sucursal bancaria. Elena conserva el aire sereno. Para sacarla de sus casillas se necesitan semanas, meses de estúpida intransigencia. La consuelo como puedo y le anuncio que lo de la «cita con el juzgado de médicos» no será más que una simple formalidad, un trámite por el que todo licenciado se ve obligado a pasar de vez en cuando. Ella se muestra preocupada, opina que mi «sistema de curación mediante la alimentación idónea» (el cual no he inventado yo, por supuesto) no sólo da resultados aleatorios, sino que puede llegar a comprometer mi situación profesional, conlleva un riesgo que tal vez —insiste— merece ser descartado.

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