P2.— No entraremos en los detalles de su «método», si cuenta con una probada experiencia de éxitos o no. Lo que abordaremos a continuación son los motivos de esta charla en la sede del colegio de médicos. Se impone un análisis de su proceder en la clínica de Inca estos últimos dos meses. Primeramente, se le reprocha fallos formales; debió efectuar una consulta con el director del centro antes de lanzarse, a tontas y a locas, en un experimento que hubiera podido estropear la integridad de alguien.
JP.— Todo lo contrario; estaba dispuesto a claudicar al menor signo de alarma…
P2.— No me interrumpa. En segundo lugar, y ésta es una acusación más seria, nos consta que ha propuesto a sus pacientes el abandono de la medicación, con el peligro que ello acarrea. Leo [el hombre ha atrapado uno de los papeles que había dentro de una carpeta naranja]: «La medicina alópata y el método de curación mediante la dieta amucosa son incompatibles. O lo uno o lo otro: no se puede servir a dos amos a la vez».
JP.— Es cierto que tomar medicamentos mientras uno practica el ayuno o una dieta a base de frutas y hojas verdes conlleva un riesgo que hay que procurar evitar. Dije a las chicas que tenían que suprimir toda la medicación, aunque esto exigiera un poco de tiempo, pues hacerlo de golpe y porrazo es locura arriesgada, de consecuencias imprevisibles.
P3.— Locura propuesta, no obstante, por usted mismo a sus pacientes.
JP [Intuyo que ha llegado el momento de demostrar que uno es ehretista de los pies a la cabeza, fiel a ciertos principios que abren las puertas del paraíso terrenal].— En efecto, comer sólo frutas y proseguir la toma de pastillas o de jarabes sería cometer una imprudencia que a más de uno le ha costado la vida.
P1.— ¿Valía la pena, entonces?
JP.— ¿Renunciar completamente a la ingesta de píldoras? Por supuesto que sí.
P2.— Compruebo que estamos llegando a un punto muerto en la conversación. Usted dirá que sí y nosotros continuaremos negándolo. En algún momento, ¿se ha planteado rectificar?
JP.— Nunca. Me reafirmo en mis creencias y en mi postura inicial. Todavía me queda mucho por aprender, pero es en el terreno de la sanación por métodos naturales, a través del ayuno, la alimentación correcta y los ejercicios tanto físicos como respiratorios.
P3.— ¿Y asume las consecuencias?
JP.— Desde luego; asumo todas ellas, buenas o malas [sostuve, tan apaciguado en apariencia como una tortuga que masticara hierba].

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